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viernes, 2 de diciembre de 2011

El Hatha Yoga o control del prana


La energía que vibra en el loto del corazón se conoce como prâna y es la que permite a los ojos ver, a la piel sentir, a la boca hablar, al estomago digerir los alimentos, y realizar en suma todas las funciones corporales. Cumple dos papeles diferentes, uno en la parte superior y otro en la inferior, que se denominan respectivamente prâna y apâna.

El prâna está en constante movimiento dentro y fuera del cuerpo, aunque está establecido en la parte superior. El apâna también está en continuo movimiento, pero en la parte inferior. Te ruego que escuches con atención la práctica que permite controlar esta fuerza vital que proporciona bienestar estés dormido o despierto.

La expulsión de la fuerza vital del loto del corazón, de un modo natural y sin esfuerzo, se conoce como rechaka o exhalación. El contacto de la fuente de la fuerza pránica, localizada a una distancia de doce dedos, con el loto del corazón, se conoce como pûraka o inhalación.
Cuando cesa el apâna y el prâna no actúa y no entra en contacto con el corazón, eso se conoce como retención o kumbhaka, que dura mientras ambos no comienzan a moverse de nuevo. Estas tres acciones se suelen situar en tres puntos concretos: 1) el rechaka, en el exterior de la nariz; 2) el kumbhaka, en el lugar conocido como dvâdashânta, situado a una distancia de doce dedos (medidos a lo ancho) fuera del cuerpo; y el pûraka, en el loto del corazón que es la fuente pránica por excelencia.

En todo momento debes escuchar sin ningún esfuerzo el movimiento natural de esta fuerza vital. El movimiento de este aire vital hacia el exterior a una distancia de doce dedos de uno mismo constituye el rechaka. El estado en el que el apâna permanece en el dvâdashânta, como una vasija sin forma en el montón de arcilla del alfarero, se conoce como kumbhaka. Cuando el aire vital abandona el dvâdashânta y vuelve al interior, se produce el pûraka.

El prâna brota en el loto del corazón y se desplaza a una zona llamada dvâdashânta, situada a una distancia de doce dedos. El apâna brota en el dvâdashânta y llega hasta el loto del corazón. Es decir que el apâna brota en donde el prâna termina, y viceversa. El prâna es como el fuego y se mueve hacia afuera y hacia arriba; el apâna es como el agua que siempre fluye hacia abajo buscando el loto del corazón.
Apâna es como la luna, que protege el cuerpo desde el exterior; prâna es como el sol o el fuego y produce el bienestar interno del cuerpo. El prâna genera continuamente calor en el espacio del corazón y delante del rostro. Apâna, que es como la luna, refresca el espacio que hay frente al rostro y luego el espacio del corazón.

De hecho, es el mismo prâna el que sufre una modificación y se transforma en apâna. Apâna desaparece en el corazón, precisamente donde surge prâna. Cuando surge prâna, desaparece apâna; cuando apâna comienza a existir, cesa el prâna. Cuando el prâna ha dejado de moverse y apâna está a punto de nacer, experimentamos un kumbhaka exterior. Cuando apâna ha dejado de moverse y prâna va a comenzar a nacer, experimentamos un kumbhaka interior.

En resumen, debemos captar el lugar y el momento exacto en el que estos dos aires vitales prâna y apâna concluyen, transforman e intercambian sus movimientos y fijar la atención en ese punto, en el interior y en el exterior del cuerpo, es decir, en el corazón y en el dvâdashânta.

Lo que existe cuando han cesado el prâna y el apâna y está en el punto medio entre ambos, es esa conciencia infinita, la vida de la vida, el único responsable de la conservación del cuerpo, la mente de la mente, la inteligencia del entendimiento, cuyo conocimiento proporciona la liberación.

La práctica del prânâyâma sólo puede aprenderse bien con la presencia e interpretación de un profesor o maestro experto. Recomendamos una lectura atenta de estas lineas”.

Yoga Vâsishtha