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miércoles, 9 de noviembre de 2011

El Sonido de la Resonancia Mística

El hombre contemplativo (muni), habiendo cerrado sus oídos con los pulgares, debe enfocar su mente en el sonido místico que se escucha por dentro, hasta que alcance lo inmutable (turya).

Aunque entre los sonidos interiores la atención pueda cambiar de los toscos a los sutiles o de los sutiles a los toscos, no se le debe permitir que vague en otras direcciones, ya que por naturaleza es mudable.

Sin importar cuál sea el sonido interior en el que la mente se fije primero, en él alcanza la calma.

Cuando la mente se ha desembarazado de su inquietud, que es causada por su constante identificación con los objetos de los sentidos y es sujetada firmemente por el Nâda (sonido no producido) se queda totalmente inmóvil.

Existe el sonido de la resonancia mística que se escucha. La quintaesencia de ese sonido es el objeto supremo del conocimiento, es decir, la conciencia absoluta que se ilumina a sí misma. La mente se hace uno con ese objeto del conocimiento.

El concepto de espacio, el sustrato del sonido, existe en tanto se escuche el sonido. El sin-sonido, que es la realidad suprema (Brahman), recibe el nombre de yo supremo (Âtman).

Hatha Yoga Pradipika